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El regalo por su inteligencia se llama diabetes

Es una afirmación cierta decir que cada vez hay más diabéticos en el mundo. Entonces ¿por qué su número es creciente si la información y la investigación son ahora más intensas que nunca? ¿Qué pasa? ¿Es que estamos trabajando a favor de ella? Yo no lo creo, pero me gustaría escuchar las explicaciones que sobre ella se daban hace miles de años; quizás sería bueno para llegar a una comprensión más global y exacta de esta enfermedad.

La medicina moderna explica que la diabetes es debida a la falta de producción en el páncreas de una hormona llamada insulina, que es la encargada de controlar el metabolismo de la glucosa, y cuya deficiencia origina trastornos en las cifras de azúcar en nuestro organismo. La forma de solucionar el problema es administrar pastillas o inyecciones que suplan esa deficiencia.

La acupuntura tradicional explica que el bazo y el páncreas funcionan controlando diversos mecanismos corporales: digestión, circulación linfática, pensamiento, metabolismos de la nutrición, control de la grasa y de la carne, inteligencia, control de los órganos sexuales, etc...
Por eso digo a los pacientes diabéticos que lo primero que deben hacer es no pensar tanto en las cosas, y en segundo lugar no deben intentar ser demasiado inteligentes. Todos me dicen que eso es imposible.

El tema de la diabetes es fácil de entender, ya que es evidente que si el páncreas gasta mucha fuerza en pensar se quedará más débil para producir la insulina necesaria que controle el metabolismo de la glucosa, y al revés, pensando menos el páncreas estará más fuerte y tendrá capacidad para segregar más insulina. De ésta forma podemos observar que el páncreas domina dos funciones, una material y otra mental.

Efectivamente, los diabéticos son a menudo muy inteligentes y trabajan más de una forma mental que física. Periodistas, empresarios, catedráticos, abogados, escritores, directores, políticos, etc., son una población de alto riesgo.

La diabetes puede ser también el resultado de haber quemado la energía de los meridianos por querer conseguir en la vida más éxitos materiales. El diabético necesita un hígado sin preocupaciones, un corazón tranquilo y unos riñones sanos, con la vitalidad suficiente para tener un buen ánimo interior que pueda dar más energía al páncreas y el bazo.

Por otro lado, la tristeza es una emoción que domina sobre el pensamiento; por eso en los diabéticos predomina la tristeza como forma de frenar su mente.
Hay varios tratamientos en la medicina natural para la diabetes, pero si el diabético no disminuye su actividad mental la curación es más difícil. Ahora recuerdo las palabras de un maestro que dijo: "El paciente se cura, el médico le ayuda si es buen médico".

Habitualmente, los pacientes con problemas endocrinos toman hormonas para suplir esas deficiencias, pero la realidad es que el órgano encargado de fabricarla se encontrará cada día más débil por la presencia de esa hormona exterior, de ese "feed-back" negativo, pues ya no ve la necesidad de esforzarse en fabricarla. De esta forma, aunque las hormonas son en ocasiones medicamentos magníficos, un tratamiento prolongado con ellas acaba ocasionando una mayor dependencia, con todos los desequilibrios que ello conlleva.
Ahora yo pregunto: ¿Para qué pensamos tanto? ¿Para llegar a ser más inteligentes? Entonces seremos diabéticos inteligentes.

Por eso me dan ganas de gritar: ¡Vivan tontos y sanos!